sábado, 26 de julio de 2008

El precio del tiempo.

Pasan las semanas. El tiempo vuela con una facilidad sorprendente, y mis pensamientos empiezan a dirigirse a otras cosas. Cambia mi aspecto, mis costumbres, mi humor e incluso mis palabras o mi forma de pensar. Lo único que permanece intacto e inmóvil eres tú.
Pasan los meses. Y los chicos. Pasan los besos, las caricias, los abrazos y las despedidas. Y tú sigues ahí. ¿Por qué no quieres moverte de tu sitio? Tú siempre has sido un nómada, un amante de la aventura y de lo nuevo, lo desconocido. Tú nunca te has quedado mucho tiempo en el mismo sitio, o esa es la sensación que tengo porque no te he vuelto a ver. ¿Por qué a pesar de todo, DE TODO, tu recuerdo sigue golpeteando mi confusa mente, sin dejarla dormir en paz? Puede ser porque te encanta quedarte un rato más, porque adoras ver las migas de pan que has dejado por el camino pero que no te conducirán a casa de nuevo. Total, ¿para qué? si nunca te quedas en el mismo sitio dos veces, dos días.
Podré focalizar mi mente hacia otras cosas, no quedarme quieta para tener siempre algo que hacer además de echarte de menos. Podré salir, ir al cine, irme de copas, ir a tomar helados, contemplar escandalosos cuerpos masculinos tomando el sol en la playa o en la piscina, pasear, comer fuera... pero ¿para qué? si no dejo de girarme y mirar a todos lados frenéticamente esperando encontrarme con tu rostro otra vez. En un sitio tan pequeño, con tan pocos lugares a los que ir y nunca te veo. ¿Dónde te metes? Sé que tienes unas piernas muy inquietas que te incitan a moverte continuamente, que es algo que vive en ti y no puedes remediar... pero por favor, si sigues por aquí, si aún estás en este minúsculo trozo de tierra... APARECE.
Con el tiempo la nostalgia y la tristeza que se habían instalado en mi corazón se fueron, en busca de otra alma que arruinar. Sonrío sin dificultad y me acostumbro a tu ausencia CONTINUA. Y a pesar de los rumores que se han llegado a desplegar, yo sigo con mi vida. Las cosas salieron de una sola forma, y las consecuencias serán cosa mía (es decir, nuestra). Soy como soy, me acepto finalmente como soy y sé que si tú me escojiste a mí fue por algo... y eso me llena de encanto. Lo dicho, sigo con mi vida... sigo queriendo volverte a encontrar.

jueves, 26 de junio de 2008

Cómo olvidar....

Recordar... es algo que duele. Olvidar... es algo que cuesta. Pero si ambas cosas se ven mezcladas en la difícil tarea de recordarte y saber que tengo que olvidarte, surge el dolor y la oscuridad en mi mirada. Vaya donde vaya, tu recuerdo viene conmigo. Haga lo que haga, noto tus labios junto a los míos. Mire donde mire, sólo te veo a ti. Y piense lo que piense, tu imagen es lo único que permanece en mi mente. Siempre que pienso, me acuerdo de tu perfume, esa hermosa fragancia que inundaba mis pensamientos cada vez que te tenía cerca, y que ahora sólo me recuerda que ya no volveré a tener tus abrazos y que tus besos ya no me pertenecerán. Que te has ido cuando más te necesitaba y que has desaparecido con la misma facilidad y rapidez con la que llegaste a mi vida. Y ese es el recuerdo que más me duele, y a la vez, uno de los que más me gusta. Que llegaste a mi vida por casualidad, un golpe de suerte, un giro inesperado, una aparición hermosa. Nunca me había sentido tan feliz como cuando estaba contigo... nunca había recibido el mismo calor que yo daba, el mismo amor que yo daba, las caricias, los besos, las miradas... pero todo se esfuma cuando recuerdo que ya no estás. Cuando recuerdo tus besos, el bocado mas divino y prohibido de cuantos he probado, lo más bonito, lo más extraordinario y maravilloso... y ya no son para mí.
Cómo olvidar tu tacto, el sentirte tan cerca que pueda saber lo que piensas, el notar tu respiración cerca de mi cuello y tu perfume conquistando todos mis sentidos. Cómo olvidar tus ojos, clavándose en los míos, y adivinando misteriosamente cada cosa que por mi mente pasaba en aquel momento. Mirándome y sabiendo los dos que estábamos pensando lo mismo, que queríamos exactamente lo mismo, y que lo único que necesitábamos era acercarnos un par de centímetros más... y sentirlo todo. Tú, mirándome, con esas luces bohémicas y apasionadas que me lo decían todo sin decirme nada.
Y tu boca, que sin articular palabras se clavaba en lo más profundo de mi alma y que le daba mil vueltas a todo lo demás... Cómo olvidar. Aquel mágico tesoro que desentrañaba lo más mágico y los secretos más misteriosos del mundo. En aquel momento, todo era insignificante... todo salvo tú y yo...
Tus manos, tus brazos aferrando mi cuerpo, acariciándome y acariciando a la vez mi pelo, enredándolo tn tus dedos y cubriéndome de un calor que sólo tu sabes dar... Ni siquiera pude decirte que te quería mirándote a los ojos, que me moría por ti cada segundo que no estaba contigo y que te necesitaba más que a nada en este mundo... No te imaginas cómo me arrepiento de haber hecho las cosas así, de no haber escuchado las voces ajenas que a gritos me decían que tu amor no era más que pasajero, de no haber hecho las cosas como debería haberlas hecho para seguir teniéndote a mi lado... no te imaginas cómo sigo pensando en ti. Y a pesar de todo esto, daba lo que fuera con tal de vivirlo otra vez y saber, sentir, sólo por un instante, que eres solamente mío y que lo que tú me dabas a mí no lo compartías con nadie más, sólo tú y yo... tú y yo juntos... TE NECESITO.